jueves, mayo 11

Tierra ligera

Solíamos terminar en los praditos, en casa
de mi abuelo. Toño, Javier, Rafa, yo
escarbábamos al pie de un limero
más viejo de lo que podíamos contar.
Nuestro lugar preferido, junto a la tina
que llenábamos de agua para hacer lodo
y construir fortalezas que serían vencidas
por la inercia de las catapultas.
Me pregunto si ese rincón significará
algo para alguien ahora mismo,
y la respuesta viene casi inmediata:
fue mi tía quien depositó al pie del árbol
a su último hijo muerto antes de nacer, cubriéndolo
con la tierra que ablandaron
nuestros juegos.

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