sábado, julio 22

Karaoke

Limitado en el espacio, transcreo una pócima
para el alegato del día roturado, el día
que carraspea y se modifica al son del tango
que guiaré en unas horas de algodón
crudo y amarillento. Verifico la hora,
la rosa que sopla en dirección contraria
a los eventos recientes: el calor de
la música, la puerta pegada por el óxido,
la sábana blanca amortizada y con una carta
fría, los pies descalzados de lluvia.
He enmudecido: mi garganta asimiló
el hilo de metal. Me rompí queriendo evitar
el ácido. Soy ridículo: cabellera amarilla
que rota de ojos en un karaoke y me cubre
la lengua, aire rojo,
predecible final apresurado.


miércoles, julio 19

Las respuestas

Hablo con Dios de vez en cuando, hablo con los árboles,
con el camino encharcado y los olores de gasolineras
a punto de estallar. Hablo con Dios como con el ruido
de una abeja persistente, me hago chiquito en su mano
y me dedico a lamer sus dedos con la esperanza
de que note mi gran admiración por este gran juego
que se inventó llamado mundo, ventrílocuo, paraíso
perdido. Imagino que algún día se levantará su silueta
de viento y responderá con palabras amables y suaves
como lengua de serpiente, palabras de doble filo,
me dirá que ya no soy una bestia de carga atontada
por el sol verde de la tarde, las llamas frías de la lluvia.
Un día notará mi presencia, eso espero, aconchabado
entre sus nudillos de agua estancada, sumergido en el aire
que sueltan sus belfos de caballo creador. Dios es uno
y muchos y múltiples promesas que abaten al más fuerte
porque así son las cosas, porque sus ojos no alcanzan
a mirar en su cabellera de nubes grises el inicio de
un relámpago dirigido a mi frente, dividida como
átomo. Hablo con Dios, con el chirrido agudo de
la tarde desmoronándose, como si en ello se me fuera
la sangre, las palabras que tiemblan colgando de árboles
como insectos atrapados en gotas. Hablo con Dios
regularmente, abriendo y cerrando puertas por las
que no sé si entro o salgo, le hablo y a veces solo
responde sílabas insignificantes, trozos de paisaje,
charcos apestosos, aves muertas sin posibilidades.

martes, julio 18

Visión del futuro

Me han dicho que he sido creado tan imperfecto
para que la palabra de mis labios tenga sentido
y nadie piense de mí lo mejor, que se alegre
de que siempre hay alguien peor.

martes, julio 4

Final fingido


Hace un momento, mientras veía la TV, se desmoronaba el mundo. Ahora el reflejo de mis libros en la ventana se mezcla con la palma seca del patio y los ladrillos color naranja al fondo. De reojo, divisaba el azul intenso y recordaba a mi amigo fulminado. No quiero escribir como un muerto, aunque lo esté. Y no puedo dejar de escribir aunque sea un insecto. El rectángulo de la ventana está enmarcado por la cortina raída, gris y térmica. Balbuceo los golpes que recibí hace dos días contra el piso de cemento resbaladizo, cuando me dirigía a por dinero. Caí de bruces en la avenida más transitada de la ciudad, y no me levanté hasta que decidí abandonar el dolor en los huesos: trozo de carne desarticulado, me arrastré para salir del tráfico inmóvil. Sin embargo no deseo ser realista, ni tampoco dramatizar y mucho menos escenificar mi caída, esta en particular. Se hizo de noche, lo fui observando con el filo del ojo, en tanto otros muertos aparecían en el rectángulo de la pantalla, atrapados en su encuadre. Zombies dirigidos a distancia por un dispositivo que irradiaba nanotecnología (¿qué hace una mancha sobre la avenida?) Si por mí fuera, hace mucho habitaría el rectángulo del iPad con palabras automatizadas, antes de tropezar con el punto final.

domingo, junio 11

Algo oprime

No atino a saber qué arteria, qué arguye
mi sangre O negativo fuera de sus
veleidades, edades, verdades a medias.
Hay algo que va de lado a lado de mi cuerpo
haciendo de las suyas, nubla mi vista
con una neblina amarilla, tensa mis articulaciones
con un soplo de sangre espesa. Algo permanece
inerte y activo a un tiempo, achica mi respiración,
me hace volver los pasos con el ceño fruncido,
contamina mis palabras de grumos y agranda
mi lengua dentro de mi boca hasta que ya no cabe.
Este algo me provoca calambres en las pantorrillas,
me devuelve a esos días eclécticos llenos de alturas
y bajezas, me tiene acorralado, es algo que oprime,
encarcela, cela, no me deja.

domingo, junio 4

Bar A la Deriva


La tarde me ha cocinado el cerebro. Estoy en un humedal, un remolino de voltios a punto de reventar mis globos oculares. Me hablan de la literatura del riesgo, de la experimentación. Y yo solo experimento esta acechanza del aire sin movimiento, la garganta seca como tronco viejo. Y este zumbido de avión que surca los pensamientos como nubes lentas que cambian a cada parpadeo. Es plomo el que oprime mi cerebro, mis ojos, engatusa mi memoria y me traslada a un escenario donde me derrito como gelatina al sol. Me pregunto a qué horas aparecen los cuervos. Una gacela de buenos modales y mejor bibliografía se introduce en la conversación y me pregunta qué he leído. No termina de hacerlo cuando enumera uno a uno los volúmenes que debí haber conocido antes de que ella me los echara en cara. La plática continúa con cerveza barata en mano: Victoria, Corona, Pacífico. Ya se ve que estamos en un duelo, saludando a los espectadores desde la tribuna.

lunes, mayo 29

Figuras en un rectángulo blanco

Ya sé que prometí dormir temprano, aplazar el despertar aletargado y con las ligas de los nervios estiradas todavía, jaladas por hormigas de metal. Esta cama es un pequeño país donde ocurren sublevaciones y crepúsculos indigestos. Acampan ideas terroríficas de habitantes de otros planetas, vienen de visita robots que han ganado su libertad a base de buenos argumentos y un par de chantajes para corresponder el acto divino de su creación. La lógica del amante es la del agua al convertirse en vino. La razón de los vencidos a punto de alcanzar aquello por lo que lucharon día a día con ligereza, domesticadas sus noches sin luces. Rameras, ramos benditos, rancias promesas de un dios de asfalto guardadas bajo la cama, en una caja junto con palabras polvosas o diademas. Aquí se archivan toda clase de demonios.

domingo, mayo 28

Puño alegre y otros desvaríos

Quién dijo esto ha terminado, garras en el puño, batalla campal sobre las ramas. Ninjutsu, técnica de nubes. Cómo cambian a cada parpadeo, cómo el herido hace su solución de hojas y atiende al perro dormido dentro del árbol. Las venas de una hoja que vuela, el parpadeo de los ojos de lobo, el río siseante, los ojos del zorro y su alardeo entre los dientes, huesos que son alfileres y humo. Clones de sombras se esfuman, el hombro izquierdo cede a la invasión negra, esta noche templada dormiré temprano y confiado en la sombra. Risa y llanto, qué más da. Recortado contra la luna, abandono a los amigos en un vendaval de murmullos; mi sonrisa de medio pelo trama atraparte en un descuido. Pero Rock Lee, me sorprendes, manos de hierro contra el hueso invulnerable. Caleidoscopio y tren en una fusión. Construir metáforas ebrias con los huesos es como atacar el verde con decisión de cielo despejado. Ninjutsu. Pulgar erguido en señal de amistad, brillo blanco y, me sorprendes. El sol irradia pentágonos.

sábado, mayo 27

4 am

Son las cuatro de la mañana y escribo
porque justo en este momento puedo
decir que escribo a las cuatro de la mañana.
No quiero dormir, aunque mientras tecleo
tengo los párpados cerrados
como un muerto que todavía lo ignora.

miércoles, mayo 24

Ahora comprendo a Judas

Si Dios me ama no es correspondido.
Solo quiero una relación de interés:
que me dé buena conciencia, tranquilidad
y me deje ver en paz mis series de Netflix.
Por otro lado, me cagan sus favoritos:
siempre esgrime una buena razón
para tenerlos olisqueando sus faldones.
Debo ser un tipo débil de carácter,
pero a mí no me engaña. Dios no comprende,
no sabe a ciencia cierta cómo somos los humanos
porque Él fue un humano de excepción.
Solo se lamentaba de nuestra falta de amor.
Y no se da cuenta de que es el motivo de mi odio.
Un Dios para el que no corre el tiempo, un Dios
cuyo amor está tan lejos como un ovni
en un bosque nublado.

martes, mayo 23

Garganta seca de la noche

Negro insomnio sin latidos: una carga no tan pesada como el viento. Mil agujas en mi pecho deshidratado, sofocado por la bestia del mediodía. Un flujo de pensamientos en el ataúd cerrado de mi cerebro en busca de lo invisible a ojos del agua. Hazmerreír del ser, del automatismo, enarbolado sueño de espadas sin filo aparente.

Filo


-->
El negro aire en la noche y su insomnio sin latidos. Esta carga no tan pesada como el viento. Mil agujas en mi pecho deshidratado, sofocado por la bestia del mediodía, el trozo de astilla que de mi corazón, de mi arteria la más débil, no sale. Un flujo de pensamientos en el ataúd cerrado, un cascar la garganta en busca de lo invisible a ojos del agua, de los iris del agua en continuo hazmerreír del ser, del automatismo, enarbolado sueño de espadas sin filo aparente, marchitos brazos, las vértebras son lo único real en esta estructura hambrienta de noche en la garganta seca.

domingo, mayo 21

Mango

Había guardado ese mango que alguien comió a medias:
trozó dos rodajas y dejó el resto sobre el pretil.
Había esperado tres días para comerlo, jugoso,
lo había cargado en la mochila durante una hora en autobús,
entre la aglomeración del tráfico.
No importaba que a otra persona se le antojara
si era capaz de oprimir esa pulpa fresca contra el paladar
con la fruición de quien recuerda su niñez.
Ahora yace allí, sin su color encendido,
habitáculo de moscas.

jueves, mayo 18

No creo en las buenas personas

En sus sonrisas de dientes blancos, sus peinados gomosos
y su alegría a toda asta en los pliegues del día.
No confío en las buenas personas, en sus dobles
tratos con esta realidad que supera las tramas
con que envuelven a los demás para seguir siendo
buenas personas. Las buenas personas son las peores:
las he visto pisotear a las malas personas, a las buenas,
las he visto otear la oficina, el supermercado, el antro,
en el asiento de su automóvil blanco de modelo reciente
afilando los colmillos, sus intenciones milagrosas.
No me gustan, no trago a las buenas personas, parásitos
de las malas a las malas. Su mecanismo depende
de hacer combustión con las malas personas, sin ellas
qué son las buenas personas: una máscara
de papel con la sonrisa rota.

-->

jueves, mayo 11

Tierra ligera

Solíamos terminar en los praditos, en casa
de mi abuelo. Toño, Javier, Rafa, yo
escarbábamos al pie de un limero
más viejo de lo que podíamos contar.
Nuestro lugar preferido, junto a la tina
que llenábamos de agua para hacer lodo
y construir fortalezas que serían vencidas
por la inercia de las catapultas.
Me pregunto si ese rincón significará
algo para alguien ahora mismo,
y la respuesta viene casi inmediata:
fue mi tía quien depositó al pie del árbol
a su último hijo muerto antes de nacer, cubriéndolo
con la tierra que ablandaron
nuestros juegos.